miércoles, 13 de octubre de 2010

ÁRBOL



Emergí
desde la entraña fértil de una nueva semilla
y me erguí
sobre mi tallo frágil elongando mis hojas
¿Y qué vi?
Estrellas en las noches, soles por las mañanas
y entendí
el color de los sueños y que si se me antoja
desde allí
enclavada en la tierra con los pies por raíces
puedo ir
volando adonde quiera atravesar desiertos
y seguir
colgada desde el cielo sobrevolando mares.
Y crecí
¡Bendita la semilla! ¡Y bendita la tierra!
Después fui
trocada en fuerte tallo que ostenta cicatrices.
Florecí,
abrí mis cuatro brazos, cuatro ramas enhiestas
y extendí
a través de mi savia por cada rama nueva
mi existir.
Dos alas extendidas, un timón, una quilla
y salí
a explorar horizontes, profundidad, altura,
¡A vivir!

domingo, 5 de septiembre de 2010

VIDA...MUERTE...VIDA


Hoy después de un silencio
oscuro y prolongado
me he vuelto a descubrir frente al teclado
como si en un momento inadvertido
hubiéseme encontrado de repente.
Y de nuevo fui yo.
La dueña de mis sueños y mis alas,
ávida de silencios taciturnos
y noches desveladas.
Luego de un intervalo de dolores,
de lágrimas, adioses y de lutos
descubrí que la vida llega y pasa,
saluda, te hace un guiño,
y que entre ella y la muerte
dista menos que el tiempo que transcurre
entre dos parpadeos.
Pero. ¿Existe la muerte?
Creo que amamos demasiado
a los cuerpos de polvo,
efímeras estatuas.
Fue cuando sin pensarlo supe
que más que cuerpos transitorios
somos almas.
¡Y podemos volar!
Morir, vivir, eso ¿qué importa?
Pecar, mentir, llorar,
morirnos de la risa…
Son cosas terrenales.
Pero hay un más allá donde las almas
se encuentran y se estrechan para siempre
sin dolor ni rencores,
sin prejuicios, adioses ni reproches
completamente libres.
Libres de carne, libres de armazones
libres de ligaduras y de odios.
Cada muerto está aquí:
los que siempre me amaron,
y los que me ignoraron,
los que amé, los que extraño,
y aquellos que pasaron a mi lado
de modo inadvertido.
No hay ni aquí ni más lejos,
es apenas la vida,
es apenas la muerte…
apenas un camino…¡pobre atajo!

Nancy Mansur

jueves, 26 de agosto de 2010

LA CORNISA

Hela ahí, parada en la cornisa,
en el filo delgado que separa
la gran elevación del insondable precipicio.
Ahí está, con los pies alineados
pues no hay espacio que contenga
el uno junto al otro.
Se ve en su cima;
se siente en lo más alto
y se piensa la dueña del sutil equilibrio.
Sus brazos bien alzados.
Su arrogancia.
Tiene una copa de cristal en cada mano.
¿Qué misteriosa e invisible esencia
contiene cada cáliz?
Son de cristal tallado con sus manos,
pero más que con ellas, con su alma.
Una es el recipiente de aquel amor primero
puro, hecho de sueños y quimeras,
tan temprano, tan frágil e intangible.
Tan etéreo.
La otra,
el receptáculo perfecto del amor hecho carne,
también puro,
el de alcobas revueltas
sazonado con años compartidos,
con sueños esgrimidos, no alcanzados,
con hijos, con pañuelos en los puertos,
con partidas y adioses.
¿Qué buscará ahí arriba,
escudriñando aplausos inaudibles
de un público irreal, inexistente?
¿Habrá quizás enloquecido?
Sigue parada ahí.
Firme guardiana.
¡Que no flaquee un pie!
¡Que un viento traicionero no la empuje al vacío!
Pues es la responsable de evitar la caída
salvando intactas ambas copas
para evadir heridas que quizá nunca cierren
y eternamente sangren.
Pero sólo es feliz
parada en esa arista,
hasta el momento del incierto día
que la alcance la muerte
con su implacable caminar tras ella,
sus sueños y quimeras.
Manejando los riesgos,
controlando la fina diferencia
con precisión de artista
que separa la dicha de la nada.

martes, 23 de febrero de 2010

ILUSIÓN


Iba a paso seguro con el alma desnuda

en ilusiones puras transitando el erial.

Peregrinar liviano por senderos fugaces.

Efímeros atajos. Fugitivo brillar.

Atravesó inclemencias y soles encendidos,

páramos olvidados, ríos de soledad.

Quebradas, desazones y desiertos vacíos,

borrascas y abandono, zozobra y peñascal.

Caminó con valor, puso entereza.

Abrió nuevos caminos.Tropezaba. Cayó.

Más levantó la faz, miró de frente

se lamió las heridas y otra vez caminó.

Secó lágrimas, sangres y sudores,

resurgió en brotes nuevos desde el mismo escorial.

Emergió con bravura de lutos y de adioses.

-Le cubría su traje de seda insustancial-

Pero en algún recodo la ilusión dio por tierra

se deshizo en espejos y todo se quebró.

¡Ay! ¡Los cristales rotos! ¡Los sueños derramados!

Dolor de filigranas. Se rompió la ilusión.