sábado, 1 de enero de 2011

EL BICENTENARIO DE LOS GONZÁLEZ



Cuento premiado en el Concurso del Bicentenario organizado por el Ministerio de Educación de La Provincia de Córdoba, Departamento San Justo.




Los González no pudieron cambiar el auto, pero igual decidieron salir un fin de semana largo. Nada de hoteles. Alguna cabaña en las sierras.
Reunir a toda la familia resultó una odisea. Facundo tuvo que buscar reemplazo en el trabajo y postergar un final. Los adolescentes, fastidiados con esos viajes en familia, lucharon a brazo partido por llevarse algún amigo, pero ni en sueños, el auto sólo cuenta con cinco cinturones.
La madre casi enloqueció dando órdenes. Que los abrigos, que el pronóstico anuncia frío, que lleven el rottweiller a lo de la vecina, que cada año uno se banca sus perros, gatos y hasta el hámster.
-Imposible Mamá, los Vergara se van este año a Las Cataratas y justamente pensaban dejarnos a cargo su hueste de mascotas. En fin, habrá que llevar a Cacique aunque a Pa y a vos les parezca una estupidez. No nos queda otra.
Viajarían de noche. Por supuesto incluirían equipo de mate, que aunque prohibido, a esas horas tal vez no haya controles, además Estela es experta en esconder el canasto debajo de las piernas. Hubo como siempre algunas discusiones: que a mí siempre me toca el medio, que me aplastan, que aquellos no me dejan estirar las piernas, que cerrés esas alas que no estás por volar, que esa música del tiempo de mamá es horrible; y otras por el estilo.
Hasta que se oyó un -¡Basta!- del padre que llamó a todos a recatado silencio.
Una vez que la ciudad se fue quedando atrás, apagándose luego de pasar las villas de la salida, que de noche camuflan sus miserias con foquitos enganchados a los cables sumados a un cielo azul-negro tan lleno de estrellas como hacía mucho que no veían, comenzaron a conversar con calma, mientras el mate iba pasando de mano en mano.
-Qué bueno estuvo este año el feriado largo, pero ¿qué pasó hace doscientos años para que haya tanta movida?
-Qué ignorancia, estudiá un poco la historia argentina en lugar de pasar tantas horas en la computadora con esos auriculares y chateando vaya a saber con quién. Todo comenzó con las invasiones inglesas.
-Cuándo no los ingleses, queriendo quitar tierras ajenas. ¡Cómo me gustaría que este año en Sudáfrica nos toque jugar contra ellos! Para que se acuerden de “la mano de Dios” y del ochenta y seis.
-Después eso trajo como consecuencia la Revolución de Mayo, la Primera Junta, que fue en 1810, sacá la cuenta, ¿o precisás calculadora?
Hace doscientos años que nos liberamos de España, después sucedieron montones de hechos históricos importantes, no puedo creer que no sepas nada de nada.
-¡Bueno, basta de lecciones de historia y de sermones, que salimos de va-ca-cio-nes, y no de viaje de estudio!
-Dejen de agitar y miren el cielo. Para el lado del oeste se acerca una estrella a todo trapo, creo que va a chocar contra nosotros y mañana no vamos a ser ni siquiera noticia.
-¿Qué estás diciendo? ¡Ah, sí! ¡Tenés razón! A mí me está dando mucho miedo-
-Dejá de histeriquear, Emilia, que es un simple meteorito.
-Y vos dejá de hacerte el sabio, eso es algún planeta que se salió de la órbita y se nos viene a pique. Va a chocar con la Tierra. ¡Es el fin del mundo! ¡Ja, ja  ja!.
-Dejen de hablar pavadas por favor, que estoy con problemas en el auto. No se qué mierda le pasa, se apagaron todas las luces y el motor. Está mudo. ¡Pero si la batería es nueva, la cambié justamente para hacer el viaje, todavía está en garantía.
-Ah, no, pero había que salir de vacaciones, los chicos no van a recordar el día que cambiamos el auto, pero unas vacaciones en familia no se olvidan nunca. Decime vos ¿qué clase de vacaciones viajando en una chatarra?
-Bueno, todos abajo, hay que empujar.
-¡Qué empujar ni qué ocho cuartos, miren el plato volador que se nos viene encima! ¡De un momento a otro se hizo de día! ¡Se ven hasta las Sierras de Córdoba!-
-¡Quiero volver a casa, quiero abrazar a los abuelos antes de morirme! ¡Quiero que me abracen!-
-¡Este debe ser el fin de nuestras vidas!
-No, no somos ingleses. No entiendo nada. Aquí debe haber un error. Ellos son mi mujer y mis hijos. Se nos descompuso el auto y necesitamos saber dónde queda una estación de servicio o un Servi-club-
-Mirá estos tarados cómo están vestidos. Seguro vienen borrachos de una fiesta de disfraces-
-¿Dónde diablos estamos? ¿Qué día es hoy?-
-¡Tómenlos prisioneros!-
-¡¿Los celulares, Ma?!-
-¡Aquí, en mi cartera!-
-Yo tengo el mío, pero no tiene señal-
-¡A la mujer y a la chica tráiganlas para acá! A los otros tres hay que hacerlos hablar. Deben ser espías de los ingleses-
-Tranquilos. Hemos salido de otras peores, también saldremos de ésta-
-¿Pero qué carajo pasó?-
-No importa. No hemos hecho nada de malo, ¿de qué nos van a acusar? Cuando estos borrachos se hayan hartado de preguntar pavadas y se hayan tomado todo ese alcohol veremos cómo les quitamos la llave. Hagámonos los dormidos.
-Listo, ya están fritos. Vayamos por mamá y Emilia. ¿Qué les estarán haciendo?-
-¡No quiero ni pensar! ¡Con esas caras de matones y esos uniformes del año de la escarapela!-
-No pensemos, corramos por este sendero-
-Está lleno de basura, huesos de vacas, mondongos, perros hambrientos husmeando….Para mí es algo así como un matadero-
-¡Cacique, Cacique, vení para acá! ¿¡Dónde diablos nos hemos metido!?-
-Hay vendedores ambulantes por las calles, oigan cómo ofrecen chucherías-
-¡Por acá! ¡Por acá! ¡Juan José! ¡Qué alivio! ¿Y Tomás?-
-Aquí llega;
-Estuve con dos chicos negros y me aseguraron que estamos en el año 1806, en Buenos Aires.
-Esto es una locura, una pesadilla-
Gran abrazo.
-¿Y el auto?-
-Debe estar por esos matorrales-
-¡Otra vez el maldito platillo luminoso! A mí me parece que hemos viajado siglos.
¡Pero si hoy es viernes 22, mi celu vuelve a funcionar, no ha pasado ni una hora!
-Esa porquería no anda.
-Cómo que no, tiene señal y todo.
-¿Y esos lamentos?
-Vienen de la orilla del río-
-¡Oh! ¡Pobre tipo! ¿Quién será?
-Me arrojé con mi caballo al río porque me viene persiguiendo una partida de Unitarios. “Es necesario hacer ver a estos serviles que no somos caciques, sino unos amantes de la libertad de nuestra patria y nuestros pueblos”. Estoy malherido, por favor, necesito ayuda.
-Tranquilo, señor, ¿Cómo se llama?
-Juan Bautista Bustos, de los Federales. ¿Dónde está mi caballo?
-Lo llevaremos a la casa de los campesinos más próximos, no se preocupe por el animal, si está vivo saldrá a la otra orilla. Todo va a estar bien, confíe en nosotros. Sólo necesitamos nuestro auto y un lugar donde recargar la batería.
-¡Ah, ya sé donde lo vi! En el monumento nuevo de la Plaza España. ¡Con razón le veía cara conocida!
-Qué mal estoy. ¡Malditos unitarios! ¿Estaré delirando o me estaré muriendo?
No, ya estoy muerto. Esta vez me liquidaron los hijos de perra. Veo gente tan extraña y dicen cosas tan incoherentes que seguro estoy en el Infierno…o en el Paraíso.
-Otra vez el plato de mierda sobre nuestras cabezas.
-No nos separemos por favor. Otra vez mi celular sin señal y todo dando vueltas..
-¿Dónde nos llevará esta cosa?.
-¡Cuánta gente! Traten de no separarse en ningún momento.
-Qué raro visten, como si salieran de una fiesta de disfraces.
-Yo no entiendo nada a nadie, hablan distintos idiomas.
-Ahí dice HOTEL DEL INMIGRANTE. Vayamos a ver.
-¿Inmigrantes, cuando todo el mundo se va del país? Están todos locos. Esto debe ser un manicomio-
-¡Juan José González, oriundo de Muelas, España! Por favor por esta fila que se le entregará el pasaporte sellado.
-No me jodan, Juan José González soy yo, de Córdoba Capital. Estoy buscando mi auto.
-Pues hombre, Juan José González soy yo, y vengo de Muelas, provincia de Salamanca. ¿Qué tren debo tomar para llegar a Córdoba?
-¡Ahí la completamos! Este es pariente tuyo, Pa.
-¡Pero si es el de la foto del comedor de la tía Consuelo! ¡Es un clon del bisabuelo!
-¡Abuelito! ¡Abuelito! ¡No me digas que sos vos! ¡Contame algo de España!
-¿Pues tú quién eres chaval?
-¡Santo Dios! Yo a estas alturas no se quién soy, ni quién es este hombre, ni dónde estoy, ni qué estoy haciendo aquí. ¡Yo sólo quiero mi auto!
-¡Y dale con el auto! ¡Olvidate! Lo hubieras cambiado esto no estaría sucediendo. ¿No te das cuenta que esa nave infernal descontroló el tiempo? ¡Abrazalo que es tu abuelo!
-Ahí vuelve la porquería de ovni, se la agarró con nosotros.
-¡Cómo encandila!
-Yo me siento mal. Tengo mareos.
-¿Dónde iremos a parar ahora?.
-¡Por favor, que esto termine de una vez! ¡Creo que estoy enloqueciendo!
-¡No lo puedo creer! Ese es el Cu-Cú. ¡Estamos en Carlos Paz!
-Estoy muerto de hambre. ¡Vayamos por una parrillada!
-¿Vos solo? Vamos, que tenemos que festejar.
-¿Festejar qué?
-Y… ¡El Bicentenario! Doscientos años no se cumplen todos los días.
-No le contemos esto a nadie. ¿Quién nos va a creer en el barrio? Nos van a tomar por locos-
-¡Los Locos González!-
-¡Ja ja ja!-
-¿Y el auto?-
-Qué se yo. Llamá al 101, ahora los teléfonos funcionan. Si aparece bien y si no… ¡Ya fue!
-Además viajó como doscientos años en tiempo récord. ¿No te parece que se merece un cambio?-

FIN
Adriana Nancy Mansur

miércoles, 13 de octubre de 2010

ÁRBOL



Emergí
desde la entraña fértil de una nueva semilla
y me erguí
sobre mi tallo frágil elongando mis hojas
¿Y qué vi?
Estrellas en las noches, soles por las mañanas
y entendí
el color de los sueños y que si se me antoja
desde allí
enclavada en la tierra con los pies por raíces
puedo ir
volando adonde quiera atravesar desiertos
y seguir
colgada desde el cielo sobrevolando mares.
Y crecí
¡Bendita la semilla! ¡Y bendita la tierra!
Después fui
trocada en fuerte tallo que ostenta cicatrices.
Florecí,
abrí mis cuatro brazos, cuatro ramas enhiestas
y extendí
a través de mi savia por cada rama nueva
mi existir.
Dos alas extendidas, un timón, una quilla
y salí
a explorar horizontes, profundidad, altura,
¡A vivir!

domingo, 5 de septiembre de 2010

VIDA...MUERTE...VIDA


Hoy después de un silencio
oscuro y prolongado
me he vuelto a descubrir frente al teclado
como si en un momento inadvertido
hubiéseme encontrado de repente.
Y de nuevo fui yo.
La dueña de mis sueños y mis alas,
ávida de silencios taciturnos
y noches desveladas.
Luego de un intervalo de dolores,
de lágrimas, adioses y de lutos
descubrí que la vida llega y pasa,
saluda, te hace un guiño,
y que entre ella y la muerte
dista menos que el tiempo que transcurre
entre dos parpadeos.
Pero. ¿Existe la muerte?
Creo que amamos demasiado
a los cuerpos de polvo,
efímeras estatuas.
Fue cuando sin pensarlo supe
que más que cuerpos transitorios
somos almas.
¡Y podemos volar!
Morir, vivir, eso ¿qué importa?
Pecar, mentir, llorar,
morirnos de la risa…
Son cosas terrenales.
Pero hay un más allá donde las almas
se encuentran y se estrechan para siempre
sin dolor ni rencores,
sin prejuicios, adioses ni reproches
completamente libres.
Libres de carne, libres de armazones
libres de ligaduras y de odios.
Cada muerto está aquí:
los que siempre me amaron,
y los que me ignoraron,
los que amé, los que extraño,
y aquellos que pasaron a mi lado
de modo inadvertido.
No hay ni aquí ni más lejos,
es apenas la vida,
es apenas la muerte…
apenas un camino…¡pobre atajo!

Nancy Mansur

jueves, 26 de agosto de 2010

LA CORNISA

Hela ahí, parada en la cornisa,
en el filo delgado que separa
la gran elevación del insondable precipicio.
Ahí está, con los pies alineados
pues no hay espacio que contenga
el uno junto al otro.
Se ve en su cima;
se siente en lo más alto
y se piensa la dueña del sutil equilibrio.
Sus brazos bien alzados.
Su arrogancia.
Tiene una copa de cristal en cada mano.
¿Qué misteriosa e invisible esencia
contiene cada cáliz?
Son de cristal tallado con sus manos,
pero más que con ellas, con su alma.
Una es el recipiente de aquel amor primero
puro, hecho de sueños y quimeras,
tan temprano, tan frágil e intangible.
Tan etéreo.
La otra,
el receptáculo perfecto del amor hecho carne,
también puro,
el de alcobas revueltas
sazonado con años compartidos,
con sueños esgrimidos, no alcanzados,
con hijos, con pañuelos en los puertos,
con partidas y adioses.
¿Qué buscará ahí arriba,
escudriñando aplausos inaudibles
de un público irreal, inexistente?
¿Habrá quizás enloquecido?
Sigue parada ahí.
Firme guardiana.
¡Que no flaquee un pie!
¡Que un viento traicionero no la empuje al vacío!
Pues es la responsable de evitar la caída
salvando intactas ambas copas
para evadir heridas que quizá nunca cierren
y eternamente sangren.
Pero sólo es feliz
parada en esa arista,
hasta el momento del incierto día
que la alcance la muerte
con su implacable caminar tras ella,
sus sueños y quimeras.
Manejando los riesgos,
controlando la fina diferencia
con precisión de artista
que separa la dicha de la nada.

martes, 23 de febrero de 2010

ILUSIÓN


Iba a paso seguro con el alma desnuda

en ilusiones puras transitando el erial.

Peregrinar liviano por senderos fugaces.

Efímeros atajos. Fugitivo brillar.

Atravesó inclemencias y soles encendidos,

páramos olvidados, ríos de soledad.

Quebradas, desazones y desiertos vacíos,

borrascas y abandono, zozobra y peñascal.

Caminó con valor, puso entereza.

Abrió nuevos caminos.Tropezaba. Cayó.

Más levantó la faz, miró de frente

se lamió las heridas y otra vez caminó.

Secó lágrimas, sangres y sudores,

resurgió en brotes nuevos desde el mismo escorial.

Emergió con bravura de lutos y de adioses.

-Le cubría su traje de seda insustancial-

Pero en algún recodo la ilusión dio por tierra

se deshizo en espejos y todo se quebró.

¡Ay! ¡Los cristales rotos! ¡Los sueños derramados!

Dolor de filigranas. Se rompió la ilusión.

miércoles, 7 de enero de 2009

RATÓN PÉREZ


El ratoncito Pérez... ¿Se acuerdan?

Esto va para mis hijos que crecieron y tal vez un día les cuenten a sus hijos, o a los hijos de sus hijos, que el ratón Pérez, el de los dientes, de verdad existe...
Vivieron ellos todas las fantasías, las disfrutaron y nosotros a través de ellos, por supuesto.
Y en alguna sobremesa, de vez en cuando recordamos la anécdota que ahora voy a narrar:
Vivíamos por esos días en una casa junto al río, y teníamos a cargo el balneario y la cantina.
Aquel invierno una rata se había metido en la casa invadiendo nuestros espacios.
Una mañana la vimos paseando por el comedor como Juan por su casa y arremetimos contra ella como una especie de patrulla armada para atraparla, mi esposo, mis dos hijos mayores, que tenían para entonces once y doce años y yo.
A mí me habían puesto en una puerta que daba al despacho, munida de una madera para interceptar el paso, llegada la ocasión, al pobre roedor.
Debimos haber hecho bastante alboroto, desde el momento en que despertamos a los pequeños de tres y cuatro años, porque en un momento apareció nuestra niña con sus rulos desparramados, gritando desde la puerta del dormitorio a voz en cuello:
-¡Por favor, no lo corran, no vayan a matarlo, él ha venido por mi diente!-
Todos nos miramos, y sin pronunciar palabra alguna, decodificamos el mensaje tácito. Abandonamos la búsqueda, ya habría tiempo para reparar los daños que pudiera causar el ratón. Había que salvaguardar la fantasía de Aylén.
Así fue como la ratita huyó y salvó su vida.
Debajo de la pata de la mesa nuestra niña encontró sus monedas a cambio de su diente y compartió la alegría con su hermanito, que trataba de aflojar anticipadamente sus incisivos para esperar la visita del eficiente y puntual ratón.
Seguramente hoy la rata continúa acarreando dientes de niños de cuatro años, y debe tener un castillo enorme, tapizadas sus paredes con la porcelana de tantos dientes chiquitos.
Uno cree en lo que quiere creer, más allá de cualquier desencanto.
Y como dijo un amigo mío, es hermoso transcurrir por la vida, que con su corriente nos arrastra, saltando de fantasía en fantasía, como quien vadea un río saltando de piedra en piedra...
Eso nos ayuda a vivir